Las manos se me han enternecido. Ya no soy capaz de sentarme delante de un cuaderno y emborronarlo de historias. Algo dentro de mi cabeza no engrana bien: no consigo transmitir mis pensamientos al papel. Y es una pena, porque no me faltan las ganas.
Algún día volveré a temblar como solía hacer. Y las historias fluirán solas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario