Y mandarte poemas que escribieron otras manos, otras experiencias, cada vez que cojo el barco que nos separa un poco más con cada trayecto
Y soñarte junto a mil aventuras infantiles, recorriendo ese castillo de pasillos eternos y habitaciones gélidas, siempre en las noches más inesperadas
Y dejar los platos sin fregar, el suelo sin barrer, la cama deshecha, las naranjas a medio comer
Y el olor a pinos al atardecer