Hay veces que la luz me juega malas pasadas. Creo que es de noche, y en realidad amanece. Pienso que el sol me ciega, y es la luna llena. No hay nadie en el balcón, pero veo tu sombra recortada contra el paisanaje de la ciudad.
Hay veces, incluso, que te sigo viendo frente al espejo, vestida de cintura para arriba, peinando tus rizos rebeldes.
El oftalmólogo dice que es benigno.