Treinta y siete día de singladura terrestre
Sin poner en mi hogar más pensamiento que el necesario
Y ahora, cuando toca regresar, se me ocurre pensar
Que quizá vuelvo sin el deber cumplido
lunes, 27 de mayo de 2019
Deber cumplido
sábado, 18 de mayo de 2019
Saludábamos al camarero (5)
Podría tirar bastantes recuerdos
Me encontrabas en el hueco del tobogán. Como siempre. Y me abrazabas por la espalda. Como siempre. Ya era la hora en que hacía frío. Y como éramos unos valientes nos olvidamos las chaquetas en tu casa.
Creo que era nuestra excusa para estar pegados el uno al otro. Hacía frío. Hacía frío a primeros de mayo, de madrugada en los columpios del parque. Pero qué más daba si estábamos pasando las horas juntos.
aunque me gusta volver a ellos a veces
Saludábamos al camarero (4)
Ahora tengo todo metido en cajas: álbumes, libros,
Salía detrás de ti para recuperar lo que habías robado pero nunca te alcanzaba. Siempre has sido más rápida que yo. Siempre has sido más.
Y cuando me cansaba de perseguirte me metía en el tobogán a esperar. Esperaba en silencio, como si jugáramos al escondite, hasta que te dabas cuenta de que estabas sola.
notas, ese frasco de perfume que te olvidaste cuando te fuiste sin mirar atrás
Inciso
Y esa hora mágica
En la que, sin previo aviso
Abren el cielo y la cafetería de enfrente
De mi casa.
Otra vez que se me hace tarde
viernes, 10 de mayo de 2019
Saludábamos al camarero (3)
Estoy recogiendo las fotos que tengo colgadas
Agotábamos los temas de conversación, la energía, las tres cervezas (la última siempre para mí) que llevabas en el bolso. Agotábamos hasta la felicidad.
Y cuando estabas en lo más alto del columpio y saltabas al vacío se encogía mi pecho. Luego venías corriendo hacia mí para robarme un beso. Y yo no hacía nada por evitarlo.
en el corcho de mi vieja habitación y se me escapa un suspiro
martes, 7 de mayo de 2019
Saludábamos al camarero (2)
Cuando eché la mano al bolsillo y vi que no quedaban pañuelos
Se acababa la hora en la que el parque estaba abierto al público. Nos quedábamos ocultos entre los árboles o los columpios (dependía de cómo nos pillara el día).
Cuando el guarda echaba el cerrojo de la puerta salíamos de nuestro escondite, y entonces el recinto era nuestro. Besos, juegos, risas, confesiones. En la soledad prohibida de donde antes habían paseado decenas de personas.
comprendí que tenía que usar las gasas poco o nada estériles a estas alturas
viernes, 3 de mayo de 2019
Saludábamos al camarero (1)
Hacer este camino de regreso a la fría
Eran noches interesantes en las que recorríamos caminos de adoquines, tierra o roca viva sin importar lo que nuestros pies sufrieran.
No conocíamos el miedo, el dolor ni el futuro. Solo éramos (in)conscientes de nuestra (in)mortalidad.
y pasar por tu portal. Derramar algo de suero fisiológico y seguir mi camino