domingo, 12 de agosto de 2018

De marzo a junio

Nunca supe manejar las ausencias. Se me clavan en la garganta, en el punto exacto en que la tráquea y el esófago se hacen íntimos. Una espina de pescado es más amable con mi tubo digestivo. Al menos con pan y agua se va a su sitio. Una ausencia permanece; incluso se clava más a la carne si se la intenta tragar con vino.

Por eso, desde la última vez que me ingresaron por atragantarme, ya no tomo ni pan, ni agua ni vino. Apenas pruebo bocado de marzo a junio. Así evito los malos tragos. Da igual lo mucho que mis amigos digan que un estómago vacío es un mal compañero para un domingo de primavera

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