Paseamos por las calles
Que nos prohibieron
En su día.
Nos cogemos de la mano
Casi sin notarlo
En esa esquina.
Están heladas.
Como lo que, en un momento,
Dejamos de sentir.
Paseamos por las calles
Que nos prohibieron
En su día.
Nos cogemos de la mano
Casi sin notarlo
En esa esquina.
Están heladas.
Como lo que, en un momento,
Dejamos de sentir.
Un enfado que se nos fue de las manos.
Una sonrisa que se grabó a fuego.
Un llanto que parece que nunca se acaba.
En menos de veinte y cuatro horas he cruzado este mar dos veces. Este mar que tantos cadáveres aloja. Y mi mente sólo puede (solo) recordar historias sin trascendencia. Irrelevantes cuentos de ayer.
Me he insensibilizado a ciertas manos.
Me he encerrado en ciertas ideas.
Porque, aunque sea el mayor error de mi vida, si me das la ocasión volveré corriendo