Y destrózame. Rompe los palacios que tanto me ha costado construir.
Vuelve.
Y tócame el alma. Rasga mi piel, despedaza mi carne y quiebra mis huesos.
Vuelve.
Y echa abajo mis murallas. Haz trizas mi corazón con tus labios tristes de pecado.
Vuelve.
Y que tu regreso sea como el invierno en diciembre: gris. Indiferente. Frío
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