Sentado en el sofá
en el que ya empieza a cuartear
el cuero negro
Miro el televisor apagado.
El café se enfría sin remedio;
el humo se disipa en el primer día de otoño
(o el último de verano)
y yo pienso en una noche
-no sé ni de qué año-
en que veíamos películas de terror
y nos reíamos. Juntos.
Me voy a levantar
y a hacer lo que nunca,
jamás de los jamases,
se debe hacer.
Voy a recalentar este maldito café.
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