martes, 9 de julio de 2019

Saludábamos al camarero (8 y último)

Hoy entrego las llaves. Cierro esta puerta y

Recogíamos nuestras miserias y nuestros pesares, y con una sonrisa tenue en los labios saltábamos la verja del parque. Cómplices del acto más prohibido (y de muchos otros), nos dábamos la mano y comenzábamos la progresiva incorporación a la rutina de la mañana.

Cruzábamos la puerta de la casa de tus padres sin detenernos, no fuera a ser que nos reconocieran. Recuerdo cómo aumentabas la presión en mi mano izquierda. Ya con el estómago empezando a maullar, entrábamos donde siempre y

espero no tener que mirar hacia atrás en mucho tiempo

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