Los cambios son necesarios pero no
Permanecíamos brazados. Hacía frío. Así entraban en calor nuestros cuerpos, desnudos solo a medias, apenas lo justo para amarnos torpemente pero con la eficacia de quienes se conocen en su estructura superficial y en la profunda.
Nos solíamos quedar dormidos así, en la hierba, y acabábamos manchados del olor a rocío, de humedad y sexo. Nos despertaban los ruidos de la ciudad inquieta.
caer en la rutina que todo lo mata
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