Una ducha fría en una tarde de invierno.
O un café que huele inesperadamente a canela, acompañado de una onza de chocolate negro y unos ojos verdes.
Una cena improvisada, bajar a por una copa de vino y una cerveza, salir a ver un concierto. Y no repetir salvo que sea estrictamente necesario.
Ya ves, siempre fui poca cosa. Por eso nunca echaremos de menos lo que hicimos mientras nos conocimos. Pero a veces lo recordaremos con cariño, que no es poca cosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario