Las ocho de la mañana no son
Tan malas horas como las cuatro
Ni las seis y media
Ni, desde luego, se pueden comparar
Con las magníficas siete
De la tarde.
Las ocho de la mañana son
La hora del café,
Las magdalenas,
Las tostadas,
El romper de un sueño
En el que me habría apetecido
Besarte
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