Un enfado que se nos fue de las manos.
Una sonrisa que se grabó a fuego.
Un llanto que parece que nunca se acaba.
En menos de veinte y cuatro horas he cruzado este mar dos veces. Este mar que tantos cadáveres aloja. Y mi mente sólo puede (solo) recordar historias sin trascendencia. Irrelevantes cuentos de ayer.
Me he insensibilizado a ciertas manos.
Me he encerrado en ciertas ideas.
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