domingo, 28 de octubre de 2018

Cuatro

...se miraron. "Cómo ha envejecido", pensó Lucía. "Por ella nunca pasa el tiempo", contempló Mario.

Lucía tomó asiento. Mario hizo lo mismo. Ella con un sonrisa sincera en los labios. Él imitándola con incomodidad. Se dio cuenta tarde de que tenía el papel garabateado frente a él e intentó guardarlo con disimulo. Lo introdujo como una suerte de marcapáginas a mitad de Los últimos románticos, de la que apenas le quedaba una cuarta parte de la obra por leer. Su nueva compañera de viaje fingió no darse cuenta; colocó el bolso en el asiento de la ventanilla, sin ocupar aún, y urgó en él hasta extraer un libro electrónico. Quería hacerse cómplice de Mario...

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