sábado, 15 de septiembre de 2018

Uno

Mario no esperaba encontrarse a Lucía al subir al AVE Madrid-Valencia del sábado por la mañana. Tampoco puede decirse que esperara no encontrarla. Sus expectativas para ese viaje de escasa hora y media de duración eran acabar la novela de Pío Baroja y los restos de licor del fondo de su petaca.

Meses atrás Mario se habría alegrado del encuentro. Sin embargo, las circunstancias habían cambiado. Cuando renunció a su puesto renunció también a toda su vida pasada. Cambió de ciudad, de ocupación y hasta de aspecto. Sólo le quedaban de aquella época su nombre, heredado de su abuelo, y su afición por el buen Blues.

Lucía, por su parte,...

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