Un momento al día. Diez, quince, veinte minutos. Un momento nada más. Con eso me vale para escapar de los muros de hormigón. Con eso me basta para darme algo en qué pensar durante largas horas. Para hilar pensamientos constructivos en lugar de morteros, cartuchos y dinamita con los que echar abajo mis mecanismos de defensa.
Pero si puede ser, que sean unas horas al día. La evasión es una forma de autoprotección.
Deja de farfullar y ponte a trabajar, hostia.
La realidad siempre, siempre nos atrapa. Como tu nombre
No hay comentarios:
Publicar un comentario